¿Puré de páncreas crudo? Historia del tratamiento de la insuficiencia pancreática exocrina

El páncreas produce un líquido, el jugo pancreático, esencial para la digestión. El jugo pancreático es especialmente necesario para digerir las grasas de la comida. En ausencia de jugo pancreático por enfermedad o extirpación del páncreas, no se absorbe las grasas de la dieta, se pierden en las heces produciendo deposiciones abundantes, especialmente malolientes, que dejan gotas de grasa (véase la foto aportada por uno de mis pacientes, aviso: no apta para los más sensibles). La pérdida excesiva de grasa en heces se denomina esteatorrea. ¿Desde cuándo se conoce que las enfermedades del páncreas pueden dar esteatorrea?¿en qué época comenzamos a tratar la esteatorrea de forma efectiva?

Regnier de Graaf fue la primera persona que canuló el conducto pancreático y describió este líquido; para ello utilizó una pluma de ganso, no está mal para ser un estudiante de 22 años en 1663 (1). En 1832 un médico alemán llamado Johann Eberle descubrió que el jugo gástrico de diferentes mamíferos disuelve las proteínas de la comida (en concreto carne y clara de huevo), pero el ácido clorhídrico puro no: alguna sustancia desconocida era la responsable de ello, no el ácido. Logró aislar la pepsina gástrica como fermento que cataliza esa digestión proteica, extrajo proteasas pancreáticas y observó que si se añadía jugo pancreático a sustancias grasas éstas se emulsionaban, se dividían en una miríada de gotitas que se disuelven en agua (como cuando mezclamos agua, aceite y detergente) (2). Década y media después, el famoso fisiólogo francés Claude Bernard redescubre los experimentos de Eberle. Bernard hace experimentos en perros inyectando sustancias en el ducto pancreático. Se dio cuenta en un perro que, tras inyectar grasa de cordero en su conducto pancreático, el perro defecaba comida sin digerir (le dio de comer callos y se distinguían en las heces) (3). Las heces de este perro eran voluminosas, de aspecto graso, pálidas y malolientes, producto de la disfunción de su páncreas (3). Bernard se dio cuenta de que estas deposiciones se habían descrito por otros autores en 8 pacientes que tras fallecer se comprobó que tenían daño pancreático en la autopsia (3). Bernard descubre que la digestión gástrica precede a la pancreática, y ésta última separa las grasas en ácidos grasos y glicerina, convierte el almidón en hidratos de carbono y actúa sobre las proteínas no digeridas por la pepsina gástrica (1), y señala que las enfermedades del páncreas pueden llevar a la insuficiencia pancreática exocrina (IPE). 

Con estos avances surge la posibilidad de suplementar a pacientes con extractos pancreáticos para normalizar su capacidad de digerir alimentos. Al parecer Fles en 1868 administra sustancias pancreáticas a un paciente con IPE, mejorando su esteatorrea (3). Hay reseñas que sugieren que Langdon-Down (el médico que describió el síndrome de Down) trató a un paciente con extractos pancreáticos un año después (3). Schild y Masuyama en 1899 dieron de comer páncreas crudo a pacientes a pacientes con IPE, les siguieron Salomon y von Noorden (3). Se hacía un puré de páncreas crudo que se mezclaba con los alimentos, parece ser que era bastante asqueroso (“unpalatable” maravilloso eufemismo del gran DiMagno (3)). Se describió que el páncreas crudo disminuía la esteatorrea en un 50% (3). A principios del siglo XX se empiezan a comercializar extractos pancreáticos por empresas farmacéuticas, uno de ellos es la pancreatina, otra la pancrelipasa (muy similar, pero con diferente actividad de lipasa). Ambas se extraen actualmente del páncreas del cerdo y en la literatura ambos términos se usan a veces indistintamente. 

El Pankreon, un preparado farmacéutico de pancreatina, fue introducido en 1900 por la empresa alemana Chemische Fabrik Rhenania (4). En esa época se empezaron a publicar los primeros casos clínicos de pacientes tratados con enzimas pancreáticas industriales

1.         Navarro S. A brief history of the anatomy and physiology of a mysterious and hidden gland called the pancreas. Gastroenterol Hepatol. 2014;37(9):527-34.

2.         Gastrointestinal Physiology: Development, Principles and Mechanisms of Regulation: Springer; 2018.

3.         DiMagno EP. A short, eclectic history of exocrine pancreatic insufficiency and chronic pancreatitis. Gastroenterology. 1993;104(5):1255-62.

4.         Homburg KBNCE. Solvay: History of a Multinational Family Firm: Cambridge University Press; 2013.

Historia del descubrimiento del páncreas exocrino, el almohadón de carne

 

El páncreas, ese maravilloso órgano en el que células endocrinas y exocrinas producen magia, tiene un nombre bastante humillante: pan (todo) y kreas (carne) ya está totalmente compuesto por tejido blando, sin huesos ni cartílagos. Su complejidad fascinante fue reducida por Rufo de Éfeso a su naturaleza de ser solo “molla” al bautizarlo así. Galeno no estuvo más acertado al pensar que el páncreas no era más que un almohadón, un airbag (o fleshbag quizás) para proteger los vasos sanguíneos de esa zona, idea que compartió Vesalio varios cientos de años después. Galeno pensaba que el páncreas producía además algo similar a la saliva. Posteriormente en Mesopotamia el Talmud describía el páncreas como el “dedo del hígado“, siendo considerado el hígado como un órgano hematopoyético (no especificaron cuál era la función exacta de su dedo). Según esta visión, los pancreatólogos deberíamos afiliarnos a la AEEH.

 

Poco se avanzó hasta que en el siglo XVII Johann Wirsung describió el conducto pancreático principal en un reo ejecutado por asesinato. Sin embargo, no llegó a intuir su función, ni lo que transportaba, solo hizo notar que nunca había visto sangre dentro, con lo cual no sabía si era vena, arteria u otra cosa totalmente diferente. Quizás Wirsung hubiera podido avanzar en este tema, pero fue asesinado por un estudiante belga, Jacques Cambier, con un arcabuz. Sus últimas palabras fueron “¡Estoy muerto, Oh Cambier, Oh Cambier!“. No han trascendido los motivos, de envidia, venganza o pasionales, del malvado Cambier, lo que está claro es que en el futuro os será difícil no visualizar este drama cuando oigáis “conducto de Wirsung”.

 

Hubo que esperar al siglo XVII a que el holandés Regnier de Graaf lograra canular el conducto del malogrado Wirsung con una pluma hueca de ganso y obtuviera el jugo pancreático de páncreas de perros. En el siglo XIX Johann Nepomuk Eber describió que el jugo pancreático era lipolítico, pero nadie dio la más mínima importancia a este descubrimiento clave hasta que Claude Bernard  redescubrió esta observación 14 años después y ató cabos. A este francés, hijo de viticultores y uno de los más grandes fisiólogos y médicos, fundador de la medicina experimental, debemos el concepto de páncreas como órgano productor de fermentos digestivos. Bernard descubrió que el jugo gástrico no es más que un telonero de la verdadera estrella de la digestión: el jugo pancreático. Se empezaban a poner las cosas en su sitio. Sus muchos experimentos en animales causaron rechazo en su mujer, que llegó a fundar un asilo para perros y gatos con el que expresaba su oposición a la experimentación animal; acabaron separados.

 

En resumen, fueron necesarios 18 siglos para pasar de considerar el páncreas como un almohadón de carne a entender que era un órgano clave en la digestión.

¿Quieres saber más sobre la historia del páncreas? Lee el artículo de uno de mis Maestros, Salvador Navarro Colás, del Clínic de Barcelona: Breve historia de la anatomía y fisiología de una recóndita y enigmática glándula llamada páncreas

La imagen de cabecera es un dibujo del propio Wirsung, origen: Johann Georg Wirsung (1589-1643) and the Pancreatic Duct: The Prosector of Padua, Italy. John M Howard, Walter Hess and William Traverso 1998