Historia del descubrimiento del páncreas exocrino, el almohadón de carne

 

El páncreas, ese maravilloso órgano en el que células endocrinas y exocrinas producen magia, tiene un nombre bastante humillante: pan (todo) y kreas (carne) ya está totalmente compuesto por tejido blando, sin huesos ni cartílagos. Su complejidad fascinante fue reducida por Rufo de Éfeso a su naturaleza de ser solo “molla” al bautizarlo así. Galeno no estuvo más acertado al pensar que el páncreas no era más que un almohadón, un airbag (o fleshbag quizás) para proteger los vasos sanguíneos de esa zona, idea que compartió Vesalio varios cientos de años después. Galeno pensaba que el páncreas producía además algo similar a la saliva. Posteriormente en Mesopotamia el Talmud describía el páncreas como el “dedo del hígado“, siendo considerado el hígado como un órgano hematopoyético (no especificaron cuál era la función exacta de su dedo). Según esta visión, los pancreatólogos deberíamos afiliarnos a la AEEH.

 

Poco se avanzó hasta que en el siglo XVII Johann Wirsung describió el conducto pancreático principal en un reo ejecutado por asesinato. Sin embargo, no llegó a intuir su función, ni lo que transportaba, solo hizo notar que nunca había visto sangre dentro, con lo cual no sabía si era vena, arteria u otra cosa totalmente diferente. Quizás Wirsung hubiera podido avanzar en este tema, pero fue asesinado por un estudiante belga, Jacques Cambier, con un arcabuz. Sus últimas palabras fueron “¡Estoy muerto, Oh Cambier, Oh Cambier!“. No han trascendido los motivos, de envidia, venganza o pasionales, del malvado Cambier, lo que está claro es que en el futuro os será difícil no visualizar este drama cuando oigáis “conducto de Wirsung”.

 

Hubo que esperar al siglo XVII a que el holandés Regnier de Graaf lograra canular el conducto del malogrado Wirsung con una pluma hueca de ganso y obtuviera el jugo pancreático de páncreas de perros. En el siglo XIX Johann Nepomuk Eber describió que el jugo pancreático era lipolítico, pero nadie dio la más mínima importancia a este descubrimiento clave hasta que Claude Bernard  redescubrió esta observación 14 años después y ató cabos. A este francés, hijo de viticultores y uno de los más grandes fisiólogos y médicos, fundador de la medicina experimental, debemos el concepto de páncreas como órgano productor de fermentos digestivos. Bernard descubrió que el jugo gástrico no es más que un telonero de la verdadera estrella de la digestión: el jugo pancreático. Se empezaban a poner las cosas en su sitio. Sus muchos experimentos en animales causaron rechazo en su mujer, que llegó a fundar un asilo para perros y gatos con el que expresaba su oposición a la experimentación animal; acabaron separados.

 

En resumen, fueron necesarios 18 siglos para pasar de considerar el páncreas como un almohadón de carne a entender que era un órgano clave en la digestión.

¿Quieres saber más sobre la historia del páncreas? Lee el artículo de uno de mis Maestros, Salvador Navarro Colás, del Clínic de Barcelona: Breve historia de la anatomía y fisiología de una recóndita y enigmática glándula llamada páncreas

La imagen de cabecera es un dibujo del propio Wirsung, origen: Johann Georg Wirsung (1589-1643) and the Pancreatic Duct: The Prosector of Padua, Italy. John M Howard, Walter Hess and William Traverso 1998